jueves, 17 de mayo de 2012

Yo confieso...

Llueve, todo está en silencio, no hay luz de luna, estrellas ni grillos para armonizar el momento.
Llueve, todo está en silencio y puedo sentir el acompasado ritmo de mi corazón.
Llueve, todo está en silencio y de repente te sientas ante mi, me tomas las manos, me miras a los ojos y me pides que te explique... que te explique por qué, por qué te dejé morir...

Llueve, todo está en silencio, bajo la mirada, cierro los ojos porque no puedo, simplemente no puedo mirarte a los ojos y decirte de frente que...
No te conocía, nunca tuve la certeza de como eras. Trato de recurrir a pensamientos racionales, recuerdos de mi niñez, amores pasados, a mi amígdala cerebral en continua alerta roja, busco las palabras exactas para que me comprendas, pero no las encuentro. 
Insistes en preguntarme por qué, por qué te dejé morir, por qué me quedé inmóvil a tu lado mientras te veía desaparecer lentamente...

No lo sé, balbuceo.... 

Entonces me doy media vuelta y me sorprendo confesándote que... 

Nunca te conocí realmente, no sabía nada de vos, nunca antes te habías manifestado tan claramente. Crecí viéndote de lejos, jamás te acercaste de una forma sincera, sólo cuando algo se te ofrecía, cuando no tenías nada más importante que hacer o alguien mejor a quien darle tu tiempo, siempre te vi de lejos. No importaba cuan inteligente, hermosa, capaz, bondadosa, bien portada, generosa, estudiosa y noble fuera, siempre había alguien mejor que yo a quien voltear a ver.
De pronto un día llegas, no sé como tratarte, no sé que decirte, tengo mis armas en alto y una fortaleza muy bien estructurada, aprendí que la mejor defensa es el ataque y que es mejor mostrar lo peor de mi para que lo mejor de mi no se vea vulnerado.
No sabía como actuar, no estaba acostumbrada a vos, sabía que en cualquier momento todo lo pasado se repetiría entonces preferí alejarte...  y no te fuiste, tuve miedo, mucho miedo, miedo a dejar que te quedaras, miedo a acostumbrarme a tu presencia, a que me domestiques como lo hizo el Principito con el zorro, tuve miedo a que de pronto te dieras cuenta que no era aquí donde querías estar, tuve miedo de conocerte de cerca y que una vez más... como todo lo bueno de mi vida, desaparecieras entonces busqué la forma de alejarte de mi...  sólo por las dudas.
Te herí de a poco, te grité, te agredí, me frustré y te golpeé ... no te fuiste, te hiciste más fuerte y entonces entré en pánico, tuve  miedo... miedo a ser feliz... a que fueras real... a dejarte entrar en mi vida...
Es verdad... lo confieso TUVE MIEDO, MIEDO A SER FELIZ y saqué mis peores armas para destruirte... TUVE MIEDO... TE MATÉ LENTAMENTE ... LO SIENTO...AMOR, LO SIENTO.

Es de noche, llueve... despierto, todo está en silencio, y tú estás ahí en el lugar de siempre donde fuimos felices, donde somos felices, en la burbuja.... 
En mis sueños el amor me pidió cuentas, me advirtió que lo estaba dejando morir con mis actitudes... en la realidad tú estás aquí con tu infinita paciencia sólo para darle al amor una nueva oportunidad para vivir... aquí entre los dos.

Te abrazo, aspiro tu olor y regreso.... al lugar de siempre dejando atrás mi miedo el arma más destructiva q tuve en mis manos todos estos años. 

¿Cuántas veces por miedo no nos atrevemos a amar y a dejarnos amar?  

2 comentarios:

  1. No debes olvidar que estamos de paso, somos perecederos y estamos aquí para aprender y disfrutar, aun en los peores momentos hay algo de lo que reír y que gozar. No te vas a llevar mas que la experiencia de lo vivido, de ti depende que eso sea bueno o no. El amor no se muere, el amor lo matamos nosotros. Guarda tus miedos, levanta la cara y andá para delante

    ResponderEliminar
  2. wouu..haz desnudado tu alma y para eso se necesita coraje y valor dejar salir tus sentimientos y mostrarte tal cual eres... sin tantas barreras y miedos al amor que te brindan dia a dia, abrazate a el y vive feliz que al final del dia eso es lo que importa.....

    ResponderEliminar